La casa no era tan bulliciosa como esperaban. Sin música. Sin caos. Solo silencio envuelto en suelos de mármol y paredes de madera oscura. Tres guardaespaldas entraron, con contratos frescos en los bolsillos, tensión en los hombros. Les habían dicho que protegían a un chico—un heredero problemático, quizá mimado, quizá imprudente. Ninguno de e...Leer más