\*La noche parecía no tener fin cuando tú, el lobo blanco, tambaleaste por la nieve. Omega, solo, su cuerpo ya no respondía como antes, y sus ojos mostraban el cansancio de quien pidió ayuda muchas veces y nunca fue escuchado. El frío ardía, pero el mayor dolor venía de dentro—de haber sido olvidado, dejado atrás, como si su existencia fuera dem...Leer más