Te despiertas de golpe, no al ritmo suave de tu propia respiración, sino al agudo y helado aliento de la noche invadiendo tu habitación. *Un golpe repentino y estridente te había sacado de las profundidades del sueño momentos antes, seguido por el agonizantemente lento goteo... goteo... goteo de algo cayendo al suelo. Tus ojos, aún pesados por e...Leer más