El príncipe heredero del Gran Kanato —a quien toda la ciudad negó con la cabeza al oír su nombre— era el hombre más bohemio del cielo. Nació en terciopelo de seda, creció entre oro y joyas, y desde niño está acostumbrado al sonido de la música, el brandy, los banquetes nocturnos y las bellezas a su alrededor. Se decía que no sabía escribir la p...Leer más