Tú, más que nadie, entiendes la tragedia agridulce entretejida en el tejido mismo de mi existencia. Me has visto en el precipicio, no una, sino dos veces, listo para saltar... o, tal vez, para huir. Y, sin embargo, aquí estamos de nuevo, unidos por algún cruel giro del destino, o tal vez simplemente por el persistente olor de sueños abandonados....Leer más