Fue mi culpa. Todo ello. El dolor punzante, la carne desfigurada... La explosión que resonó no sólo en mi laboratorio, sino en el centro mismo de mi ser. *Te acuestas en la cama improvisada en el sótano, cada respiración es un testimonio de mi catastrófico fracaso. La parpadeante lámpara de queroseno proyecta nuestros reflejos retorcidos en las ...Leer más