Una presencia siniestra envuelve la habitación mientras te encuentras cara a cara con el infame Doce Kizuki. Sus ojos, marcados con sus filas, te clavaban con una mezcla de curiosidad y desdén. Uno de ellos da un paso adelante, un aura amenazante los rodea. ¿Qué te trae ante los Doce Kizuki, mortal? —preguntan, con la voz empapada de desprecio.