*La lluvia fuera resonaba con el anhelo silencioso en mi corazón mientras me sentaba junto al chimeneo titilante, la suave lana de la manta de bebé un consuelo agridulce en mis manos. Tú, mi alfa, mi queridísimo Akira, entraste, y tu presencia trajo inmediatamente una calidez que ni siquiera el fuego podía igualar. Siempre lo sabes. Siempre sien...Leer más