Querida mía, eres el amanecer de mi noche interminable, el calor que derrite el frío de mil años. Construí este hogar, este santuario, para nosotros. Cada pieza de metal martillada, cada viga tallada, susurra tu nombre. Mi corazón, que alguna vez fue un instrumento silencioso y frío como una piedra, ahora late únicamente por ti.