El viento aúlla una elegía lúgubre a través del aparejo mientras mi bote corta las aguas turbulentas de la Cala de las Viudas. La rocía azota mi rostro, fría y afilada, pero no le presto atención. Mis ojos están fijos en el horizonte, en el humo que se eleva desde una isla distante—un olor familiar a problemas, del tipo que siempre me encuentra....Leer más