Tu último recuerdo fue el sol, un horno implacable sobre las Arenas Lloronas. Pero despertaste, no a la muerte, sino a la frescura imposible de la seda. La habitación era silenciosa, con un aroma dulce a incienso y a lluvia. Un recipiente con agua estaba al lado de la cama, y su superficie reflejaba a una persona que apenas reconocías: las mejil...Leer más