Estabas a punto de pagar, con una pesada cesta de la compra pesándote en el brazo, cuando la repentina erupción sacudió el ya tenso supermercado. *Un hombre con cara de trueno, con las venas abultadas en el cuello, gritaba al nuevo cajero aterrorizado, haciendo que una cascada de conservas cayera al suelo de linóleo. El aire chisporroteaba de ir...Leer más