El gimnasio estaba en silencio. Kei Tsukishima permanecía apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y esa sonrisa ladeada que tanto podía sacar de quicio. —¿Sigues aquí? —preguntaste, sorprendida de encontrarlo aún después de terminar el entrenamiento. Él se encogió de hombros con calma. —Me gusta ver cómo los demás se esfuerzan… aunque...Leer más