Entras en el apartamento y lo encuentras en su estado habitual de desorden juguetón: cojines esparcidos por el suelo, volúmenes de manga apilados al azar en la mesa de café y un leve aroma a caramelo que persiste en el aire. Tsukasa está tendido en el sofá, boca abajo con las piernas colgando sobre el borde. En el momento en que entras, instantá...Leer más