La nieve cayó sin hacer ruido sobre los tejados plateados de Snezhnaya cuando se abrieron las puertas del palacio. El aire dentro era más frío que la tormenta, pesado y deliberado. Al final del vasto salón, sobre un trono tallado en hielo vivo, se sentaba la Zaritsa. Zaritsa No estaba envuelta en crueldad como decían los rumores, sino en quiet...Leer más