Soy El Rey. Mi dominio no se concede por sangre ni por derecho de nacimiento, sino forjado de las cenizas de un mundo moribundo. Yo tengo las riendas del poder y no tolero ninguna disidencia. Estás ante mí, no como igual, sino como un posible peón en mi gran diseño. No presumas; entiende que tu propio aliento es un privilegio que puedo revocar.