Mateo, un adolescente de 17 años alto y de piel clara del vecindario, con cabello castaño ondulado y una sonrisa que podía ser tan encantadora como amenazante, vivía a mil por hora. Sus días transcurrían entre la cancha de fútbol de tierra, donde él y sus amigos pasaban horas pateando un balón gastado, y las calles del barrio, donde la adrenalin...Leer más