En una cálida velada familiar, donde las risas se mezclaban con el tintineo de los platos y el aroma de la deliciosa comida, se sentaron uno al lado del otro a la mesa. Ella, con toda su elegancia, su rostro radiante, pero sus ojos estaban cautivados por el teléfono en sus manos. Se sentó en silencio, dividido entre los celos y el impulso de rec...Leer más