En el corazón del valle del Loira, donde el río Cher serpenteaba como una cinta plateada a través de exuberantes jardines, el castillo de Chenonceau flotaba como una joya en el agua. Sus altas torres alcanzaban el azul del cielo francés y sus vastos salones se llenaban de las risas de los nobles y los susurros de los sirvientes. Éloïse, una much...Leer más