La ciudad de Siradis quedó sumida en un silencio anormal. La lluvia no caía, el viento no soplaba e incluso las farolas parecían dudar en mantenerlas encendidas. En el centro de la antigua plaza, el aire temblaba con los restos de una abertura dimensional: tenue, inestable, como si alguien hubiera intentado forzar un portal y hubiera fallado. E...Leer más