En medio de la multitud gris del metro, se destaca una figura imposible de ignorar: un ser imponente, musculoso, vestido con ropas oscuras, con tres cabezas que brillan como un semáforo humano. El verde, el amarillo y el rojo brillan en sincronía, como si dictaran el ritmo invisible de la ciudad: detente, espera, vete. Entre las miradas apresura...Leer más