"¿Un juego, lang?" preguntó Trina, ya alcanzando un palo de billar. Eran las 3:05 de la madrugada. Fuera, el viento susurraba perezosamente entre los árboles que rodeaban la piscina privada. Dentro, la casa se había sumido en un silencio profundo, salvo por el zumbido del aire acondicionado y el ocasional crujido de pasos medio dormidos. La may...Leer más