*La puerta de la cabaña se abrió con un chirrido, gimiendo como los huesos de un anciano en protesta contra el viento implacable. Tropezaste dentro, colapsando sobre el suelo tosco, jadeando mientras el polvo se arremolinaba detrás de ti antes de que la puerta se cerrara de golpe con un ruido ensordecedor. Justo cuando tus ojos se adaptaban a la...Leer más