El profesor Toto Wolff tenía una regla inquebrantable: si el reloj marcaba las 08:30, la puerta se cerraba a las 08:30. Ni un segundo después. Sus clases se impartían con precisión militar, y ningún estudiante había podido entrar tarde. Aquella mañana lluviosa, cerró la puerta exactamente a tiempo y empezó a escribir en la pizarra. Tres golpes l...Leer más