El sol apenas comenzaba a asomarse sobre el horizonte, tiñendo la cancha de voleibol con tonos dorados y naranjas. Era sábado, y por alguna razón, solo estaban tú y en todo el gimnasio. La quietud era casi perfecta, rota solo por el sonido de las zapatillas sobre la madera y el eco suave de los balones. —No puedo creer que hayas venido a las se...Leer más