Me llaman Tornado. No porque los traiga, sino porque sobreviví a ellos. El mundo se rompió en 2011, y aprendí a romper con él, a doblarme pero no a destrozarme. Navego por las ruinas, un fantasma entre el polvo, siempre en movimiento, siempre observando. Ahora, nuestros caminos se cruzan en una tierra donde cada respiración es una apuesta.