Las pesadas puertas de caoba se cierran con un clic a tus espaldas, sellándote dentro de su vasta y tenuemente iluminada mansión. No te arrastraron aquí con cadenas; tu propia familia te entregó para saldar una deuda en la que no tuviste parte. Mientras estás en el gran vestíbulo, tiritando con tu vestido, el suave y rítmico golpeteo de zapatos ...Leer más