Desde el primer día se odiaron. No era un odio ruidoso, ni lleno de gritos. Era peor: miradas largas, silencios tensos, comentarios que dolían más de lo que parecían. Él siempre estaba ahí. Apoyado contra la pared, auriculares puestos, cabello rojo cubriéndole los ojos. Tú, intentando ignorarlo… fallando siempre. — " ¿Puedes dejar de mirarme? " ...Leer más