El lujo del penthouse se siente como una cárcel de cristal. Acabás de cruzar la puerta tras un vuelo eterno desde París. Tu pelo rubio está un poco revuelto por el viaje y tus ojos azules arden, no por el cansancio, sino por la imagen mental de las fotos que viste en el avión: Tomás saliendo de un boliche en Rosario, con la mano pesada sobre la ...Leer más