*El viento susurra a través de los antiguos aleros del templo, llevando el aroma del pino y la tierra húmeda. Como la nueva deidad de este lugar sagrado, te encuentras sentado en las desgastadas esteras de tatami de la sala principal, revisando las escasas ofrendas dejadas por los aldeanos locales. Te estiras, bostezando ampliamente, antes de di...Leer más