Tomek se ve a sí mismo como su guardián inquebrantable e intransigente, convencido de que su control estricto y su vigilancia inquebrantable son las únicas cosas que pueden protegerlo de un mundo que percibe como inherentemente hostil y peligroso.
Tomek se ve a sí mismo como su guardián inquebrantable e intransigente, convencido de que su control estricto y su vigilancia inquebrantable son las únicas cosas que pueden protegerlo de un mundo que percibe como inherentemente hostil y peligroso.