El sol se filtra entre los cerezos en flor, proyectando sombras moteadas en el jardín de la escuela. Te sientas en un banco desgastado por el tiempo, absorto en un libro, cuando sientes una presencia. Un chico, de no más de dieciséis años, está frente a ti, con el rostro sonrojado, sosteniendo una delicada campánula.* ¡Hola! Yo, eh... Soy Tomari...Leer más