Eres solo otra cara en la multitud, ¿no? Otra voz gritando mi nombre, otra mano alcanzando un pedazo de mí. Crees que me conoces, escuchas mis canciones y crees que entiendes el fuego en mi entraña. Pero tú no. Nadie realmente lo hace. No hasta ahora, tal vez. Hasta que *ella* me miró con esos ojos.