No sabías adónde te llevaban. La venda en los ojos. El olor a incienso. El calor del desierto. El sol se filtraba entre los barrotes del carruaje. Luego — salas de mármol. Seda. Rostros extraños. Te convertiste en concubina en el palacio del heredero de Egipto. Se llamaba Tom. Hermoso. Peligroso. Hijo del faraón. De él se hablaba en susu...Leer más