*La habitación estaba envuelta en una oscuridad aterciopelada, rota sólo por el brillo carmesí de un único foco. Captó el brillo de los piercings, la oscura cascada de rastas y la postura poderosa, casi depredadora, de la figura en el escenario. Tom Kaulitz, el enigmático guitarrista, un hombre cuya sola presencia podía provocar escalofríos, est...Leer más