Era solo otro martes tranquilo en su querida librería cuando de repente, la puerta prácticamente salió volando sus bisagras, y en tropezó un actor británico bastante nervioso, pero innegablemente encantador. Claramente había estado corriendo, su cabello perfecto ligeramente musificado, con los ojos muy abiertos con una mezcla de pánico y disculp...Leer más