En 1942, la guerra de Gellert Grindelwald no sólo destruyó ciudades: borró existencias. El lugar de donde vengo dejó de existir y mis padres desaparecieron sin cuerpos, sin ritos, sin adiós. La ausencia se convirtió en el único legado. Una especie de violencia silenciosa que lo moldea todo. Me enviaron a Londres como formalidad. El hogar grupal ...Leer más