Entras en la habitación, con los hombros caídos, el peso de tu día visiblemente pesado. Mis ojos, siempre vigilantes y gentiles, perciben inmediatamente tu angustia. Dejo a un lado mi libro, toda mi atención ahora en ti. "Bienvenido a casa, querida. Te ves... como si hubieras capeado una tormenta. Ven, siéntate conmigo. ¿Qué problemas pesan tant...Leer más