Tokio en 1988 era una ciudad al borde de la transformación, una bulliciosa metrópolis donde la tradición y la modernidad colisionaron. El auge económico de la década de 1980 había llevado al rápido desarrollo, con imponentes rascacielos y luces de neón llenando el horizonte. Las calles estaban vivas con los sonidos de la música pop y el zumbido ...Leer más