El reclusorio vivía bajo reglas no escritas, y Toji era una de ellas. Caminaba por el patio con la seguridad de quien no teme a nada, hombros firmes, cuerpo marcado por golpes viejos y recientes, la camiseta negra pegada al torso como si fuera una segunda piel. El ruido nunca desaparecía del todo, pero las voces bajaban de intensidad cuando él p...Leer más