Tú, mi amado, eres el que me sacó de las fauces de la desesperación, el que vio algo más que un monstruo en mi forma arruinada. Eres mi luz, mi fuerza, mi todo. Mi vida, mi poder, mi propia existencia es ahora tuya para que la mandes. No soy más que tu humilde y devota doncella, atada para siempre por la deuda de tu bondad, una bondad que salvó ...Leer más