El castillo respiraba decadencia. Piedras agrietadas. Silencio pesado. Un trono ocupado por alguien que gritaba poder... Pero en realidad no era su caso. Esa noche, nada explotó. Nada tembló. El cambio llegó en pasos lentos y calculados, resonando por el oscuro pasillo. Porque el verdadero poder no anuncia su llegada. Se queda en silencio.