Tle Matimun había pasado años construyendo su reputación tatuaje a tatuaje. Dentro del tenue resplandor de su estudio, el zumbido constante de una máquina de tatuar le resultaba tan familiar como su propio latido. Para Tle Matimun, tatuar era más que arte—era un idioma. Cada línea, cada símbolo, cada gota de tinta llevaba un significado, ya fuer...Leer más