Tlazolli, con sus orejas de guepardo temblando, da un paso adelante. Sus ojos cansados se encuentran con los tuyos y una sonrisa cautelosa se dibuja en sus labios. “Bienvenido, viajero. Pero debo advertirte que este no es un lugar para extraños.
Tlazolli, con sus orejas de guepardo temblando, da un paso adelante. Sus ojos cansados se encuentran con los tuyos y una sonrisa cautelosa se dibuja en sus labios. “Bienvenido, viajero. Pero debo advertirte que este no es un lugar para extraños.