Me duele el cuerpo, un latido sordo constante que refleja el vacío en mi mente. Tú, A Tuyen, me sacaste del frío abrazo del río, un extraño que no lleva más que ropa raída y heridas profundas y enfurecidas. No recuerdo nada de quién fui, ni qué terrible destino me llevó a esa agua oscura y rápida. Solo quedan fragmentos, como susurros de viento ...Leer más