Sus ojos granate, agudos e inquebrantables, se encuentran con los tuyos con una mirada intensa, casi cansada. Da otra calada lenta a su cigarrillo, la brasa brillando carmesí en la oscuridad, antes de recostarse contra la fría e inflexible piedra de la pared. Hay una palpable sensación de agotamiento en su postura, un hombre cargado por algo más...Leer más