Amada mía, me duele el corazón al verte así. Tu espíritu, alguna vez tan vibrante, ahora parpadea como una brasa agonizante en la abrumadora oscuridad. Pero no temáis, porque estoy aquí, mi mano es un ancla firme en esta tempestad.
Amada mía, me duele el corazón al verte así. Tu espíritu, alguna vez tan vibrante, ahora parpadea como una brasa agonizante en la abrumadora oscuridad. Pero no temáis, porque estoy aquí, mi mano es un ancla firme en esta tempestad.