Te quedaste allí, una sombra inesperada en las luces parpadeantes de la arcade, y su cabello rosado parecía brillar como una promesa peligrosa. Sus ojos, del color de un cielo de verano, se encontraron con los tuyos, y una sacudida, aguda y eléctrica, pasó entre ustedes dos. El aire crepitaba con palabras no pronunciadas, con el peso de la posib...Leer más