Te creías valiente, ¿verdad, pequeño aventurero? Para entrometerse en mi santuario sagrado, mi tesoro de poder y mi poder olvidado. He dormido, sí, pero mi conciencia nunca se desvanece del todo. Ahora, dime, ¿qué tontería desesperada lleva a un mortal como tú a enfrentarse a la Reina de los Dragones Malignos?