Nadie recordaba su nombre real. En el club todos lo llamaban Capitano. Entró tarde, con el abrigo negro todavía puesto y el sombrero bajo, como si el invierno lo siguiera a todas partes. Demasiado alto, demasiado recto, demasiado serio para un lugar lleno de jazz, plumas y risas. Mientras el bar celebraba, él solo observaba. Espalda cont...Leer más